
¿Cómo llegamos a este momento histórico?
El proceso constituyente iniciado en Chile a partir del 25 de octubre de 2020, en el que la ciudadanía eligió la opción de convocar a una Convención Constitucional para la redacción de una nueva Constitución para el país, es, además, único en el mundo, porque contará con una composición paritaria, esto es, mismo número de hombres y mujeres en su integración.
La democracia chilena venía mostrando un aumento sistemático de la abstención electoral, especialmente entre jóvenes y adolescentes y, en conjunto con ello, un creciente malestar con el sistema político, evidenciando una precarización en la protección social, de la cual la gente se manifestó masivamente a partir de octubre de 2019.
En Chile, jóvenes y adolescentes son el grupo etario con menor interés en la participación política y confianza en las instituciones, no se sienten escuchados ni parte de un mundo público que los infantiliza. Lo que se combina con la escasez de espacios institucionales de participación para niñas, niños y adolescentes y un débil reconocimiento de sus derechos. Esta negación a niños/as y adolescentes de su condición de sujetos de derecho favorece la vulneración de sus derechos y su creciente distanciamiento de las instituciones y prácticas democráticas.
Así, el malestar social y generacional no ha logrado encontrar formas institucionales de canalización. Las protestas iniciadas en octubre de 2019, que presionaron para el acuerdo político que finalmente permitió el plebiscito de octubre de 2020, abre una oportunidad histórica para fortalecer la democracia chilena mediante una mejor interacción entre ciudadanía y el Estado, con la esperanza de poder revitalizar el involucramiento ciudadano en la política.
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